EFECTOS DEL HABITO Y DEL USO O DESUSO DE LAS PARTES

EFECTOS DEL HABITO Y DEL USO O DESUSO DE LAS PARTES. VARIACIÓN
CORRELATIVA. HERENCIA. Hábitos cambiados producen efectos hereditarios, según
se ve en el período de la florescencia de las plantas cuando se las transporta de un clima a
otro. En cuanto a los animales, el uso o desuso de las partes ha tenido en ellas una in-
fluencia más marcada; así encontramos en el pato doméstico que los huesos del ala pesan
menos y los huesos de la pierna más, en proporción a todo el esqueleto, que lo que pesan
los mismos huesos en el pato salvaje; y este cambio puede atribuirse, sin riesgo de equi-
vocarse, a que el pato doméstico vuela mucho menos y anda mucho más que sus salvajes
padres. Aquí únicamente aludiremos a lo que puede, llamarse variación correlativa. Los
cambios importantes del embrión o larva ocasionan probablemente los cambios del ani-
mal adulto. Los criadores creen que remos prolongados acompañan casi siempre a cabe-
zas alargadas. Algunos ejemplos de correlación son completamente caprichosos: así los
gatos enteramente blancos y de ojos azules son en general sordos, lo cual sólo sucede a
los machos. El color y ciertas peculiaridades de estructura van unidos, como podríamos
demostrarlo con muchos casos notables de animales y plantas.
Toda variación que no sea hereditaria carece de importancia para nosotros; pero el nú-
mero y diversidad de las desviaciones de estructura que pueden transmitirse por herencia,
tanto de poca como de mucha importancia fisiológica, no tiene término. Cuando aparece
con frecuencia una desviación de estructura, y la vemos en el padre y en el hijo, no po-
demos decir que no pueda ser debida a la misma causa que ha obrado en ambos; pero
cuando entre individuos, al parecer expuestos a las mismas condiciones, se presenta en el
padre alguna desviación muy rara, debida a extraordinaria combinación de circunstancias
-por ejemplo, una vez entre varios millones de individuos- y reaparece en el hijo, la nueva
doctrina de las probabilidades casi nos obliga a atribuir la reaparición a la herencia. Aca-
so la opinión exacta sobre el asunto, en general reside en mirar a la herencia de cualquier
rasgo como regla, y a la no-herencia como anomalía.
Las peculiaridades que aparecen en los machos de nuestras crías domésticas, son fre-
cuentemente transmitidas a los machos exclusivamente, y en grado mucho más elevado.
Sin embargo, la regla más importante en esta materia, y en la que creemos puede confiar-
se, es que en cualquier período de la vida en que aparece por primera vez una peculiari-
dad, esta tiende a reaparecer en la cría al llegar a edad correspondiente, aunque adelan-
tándose algunas veces. En muchos casos no podía suceder otra cosa; así las peculiarida-
des heredadas en los cuernos del ganado vacuno pueden aparecer solamente en la cría
cuando esta es ya casi adulta: las peculiaridades en el gusano de seda, como es notorio,
aparecen en la fase correspondiente al capullo; pero las enfermedades hereditarias y algu-
nos otros hechos nos hacen creer que la susodicha regla tiene más amplia extensión, y
que, cuando no hay razón aparente para que aparezca una peculiaridad en edad determi-
nada, tiende a presentarse en la cría en el mismo período en que apareció primero en el
padre, por lo que creemos que esta regla es de muchísima importancia para explicar las
leyes de la embriología. Estas observaciones quedan naturalmente reducidas a la primera
aparición de la peculiaridad y no a la causa primaria que pueda haber obrado en los óvu-
los o en el elemento macho: casi del mismo modo que el aumento en la longitud de los
cuernos, en la cría de una vaca de astas cortas y de un toro de astas largas, aunque apa-
rezcan en los últimos períodos de la vida, se debe claramente al elemento macho.
Habiendo aludido al retroceso o salto hacia atrás, podemos referir aquí un hecho mani-
festado a menudo por los naturalistas, a saber: que nuestras variedades domésticas, cuan-
do se las deja en estado salvaje, gradual pero invariablemente, retroceden en sus distinti-
vos a su primitivo tronco, de donde nace el argumento de que no se pueden sacar de razas
domésticas especies correspondientes al estado natural.
Podemos seguramente concluir que muchísimas de las variaciones domésticas más
marcadas no podrían vivir en estado salvaje, puesto que en muchos casos no sabemos
cuál sea el tronco primitivo, y por consiguiente, no podemos decir si se ha verificado o no
el retroceso casi perfecto, mientras que para evitar los efectos del cruzamiento sería nece-
sario que una sola variedad hubiera quedado suelta en su nueva residencia.