EXTINCIÓN CAUSADA POR LA SELECCIÓN NATURAL

EXTINCIÓN CAUSADA POR LA SELECCIÓN NATURAL. La selección natural
obra solamente por medio de la conservación de las variaciones que son en algún concep-
to ventajosas. Podemos comprender que cualquier forma representada por pocos indivi-
duos correrá mucho riesgo de quedar completamente extinguida durante grandes fluctua-
ciones en la naturaleza de las estaciones o por crecimiento temporal en el número de los
enemigos naturales. Pero podemos ir más lejos todavía, porque cuando se producen nue-
vas formas, a menos que admitamos que las específicas puedan seguir aumentando inde-
finidamente en número, tienen que extinguirse muchas ya antiguas, y como claramente la
geología nos dice que el número de las formas específicas no ha crecido indefinidamente,
ahora sólo intentaremos demostrar por qué el número de las especies en el mundo no se
ha hecho inconmensurablemente grande.
Debido a que las especies raras se modifican o mejoran con menor rapidez, son derro-
tadas en la lucha por la existencia por los descendientes modificados y mejorados de las
especies más comunes.
Por estas diferentes consideraciones creemos inevitable que, al formarse en el curso del
tiempo nuevas especies por medio de la selección natural, se hacen otras cada vez más
raras hasta que finalmente se extinguen.
Podemos suponer que en un período remoto de la historia, los hombres de una nación o
localidad necesitaban caballos más veloces, mientras que los de otras necesitaban caba-
llos más fuertes y de más cuerpo. Al principio serían muy pequeñas las diferencias; pero
con el correr del tiempo, por la continuada selección de los caballos más veloces en un
caso y de los más fuertes en otro, se harían las diferencias bien marcadas y se anotarían
los resultados como formando dos subcastas.
Al cabo de siglos, estas dos subcastas se convertirían en castas bien establecidas y dis-
tintas; y al hacerse mayores las diferencias, los animales inferiores con caracteres inter-
medios que no fueran ni muy veloces ni muy fuertes no serían empleados para la cría, y
de este modo tenderían a desaparecer. Aquí, vemos en las producciones del hombre lo
que puede llamarse principio de divergencia, causando diferencias al principio escasa-
mente apreciables, pero siempre crecientes, así como a las crías diferenciarse en carácter
tanto entre sí como con el tronco común.