SELECCIÓN METÓDICA E INCONSCIENTE

SELECCIÓN METÓDICA E INCONSCIENTE. ORIGEN DESCONOCIDO DE
NUESTRAS PRODUCCIONES DOMÉSTICAS. Hoy en día, los más eminentes criado-
res tratan por medio de una selección metódica y con un objeto determinado formar una
nueva subcasta o estirpe superior a cuantos géneros existan en su país. Pero para nuestro
propósito, es más importante una forma de selección que podría llamarse inconsciente, y
que resulta a todo el que intenta poseer los mejores animales y hacerlos reproducirse. Así,
el hombre que quiere tener perros de muestra, naturalmente trata de elegir perros buenos
y después cría con los mejores, aunque no tenga el deseo ni la esperanza de alternar per-
manentemente la casta. Este procedimiento, continuado por el transcurso de siglos, mejo-
raría y modificaría cualquier casta. Cambios lentos e insensibles de esta clase jamás pue-
den ser reconocidos, a menos que se hayan tomado mucho antes buenas medidas o cuida-
dosos dibujos de las razas en cuestión, que puedan servir después como punto de compa-
ración.
En algunos casos se encuentran, sin embargo, individuos de la misma casta, no cam-
biados o cambiados en muy poco, en los lugares menos civilizados, donde la respectiva
raza ha sido menos mejorada. Hay razones para creer que el perro setter deriva directa-
mente del sabueso, dado que según toda probabilidad, no es más que una alteración lenta
de este.
Youalt suministra un excelente ejemplo de los efectos de la selección continuada y que
puede considerarse como inconsciente, puesto que los criadores no podrían nunca haber
esperado, ni siquiera haber deseado, producir el resultado que sobrevino, a saber: la pro-
ducción de dos estirpes distintas.
Aun entre los salvajes más bárbaros, que nunca piensan en el carácter hereditario de las
crías de sus animales domésticos, cualquier animal que les sea especialmente útil para un
objeto cualquiera es cuidadosamente conservado durante el hambre y las plagas a las que
tan expuestos están y esos animales escogidos dejarían generalmente más crías que los
inferiores; de modo que, en este caso, se verificaría una especie de selección inconscien-
te.
En las plantas, este mismo procedimiento gradual de mejora por medio de la conserva-
ción incidental de los mejores individuos, ya sean o no lo bastante distintos para ser clasi-
ficados como variedades diversas a su primera aparición, y ya dos o más especies o razas
se hayan o no mezclado por cruzamiento, puede plenamente reconocerse en el aumento
de tamaño y belleza que ahora vemos en las variedades de plantas, cuando las compara-
mos con las variedades más antiguas o con aquellas que las originaron.
Una gran suma de cambios lenta e inconscientemente acumulados explica a nuestro
juicio el hecho notorio de que en cierto número de casos no podamos reconocer, y por lo
tanto ignoremos, los troncos silvestres, orígenes de las plantas que han sido cultivadas
desde hace mucho tiempo en nuestros jardines y huertas. Si se han necesitado cientos o
miles de años para mejorar o modificar la mayor parte de nuestras plantas hasta su tipo
actual, tan útil para el hombre, podremos fácilmente entender cómo Australia, el Cabo de
Buena Esperanza u otras regiones habitadas por el hombre completamente incivilizado no
han podido darnos una sola planta que valga la pena de ser cultivada. No es que estos paí-
ses, tan ricos en especies, no posean por extraña casualidad los troncos originales de plan-
tas útiles, sino que las plantas del país no han sido llevadas por la selección continuada
hasta un punto de perfección comparable con la adquirida por las plantas en los países
antiguamente civilizados.
Con respecto a los animales domésticos del hombre incivilizado, no debe perderse de
vista que aquellos tienen casi siempre que buscarse su propio alimento, al menos durante
ciertas estaciones. Y en dos países de circunstancias muy diferentes, los individuos de la
misma especie que posean constituciones o estructuras ligeramente distintas se lograrían
mejor en un país que en el otro; y así por un procedimiento de selección natural podrían
llegar a formarse dos rubrazas. Quizás esto explique en parte por qué las cualidades que
tienen los animales domésticos de los salvajes, como ya lo han notado algunos autores,
tienen más carácter de verdaderas especies que las variedades existentes en países civili-
zados.
En la opinión presentada aquí acerca del papel importante que ha desempeñado la se-
lección ejercida por el hombre, se hace desde luego evidente por qué nuestras razas do-
mésticas se adaptan en estructura o en hábitos a las necesidades o caprichos del hombre.
Podemos, a nuestro juicio, entender además el carácter frecuentemente anormal de nues-
tras razas domésticas y explicarnos por qué las diferencias son tan grandes en los caracte-
res externos, como relativamente pequeñas en las partes internas u órganos. El hombre
apenas puede escoger, y si puede es con mucha dificultad, las desviaciones de estructuras,
excepto las que son externamente visibles; y cuidándose muy raras veces lo que es inter-
no. Nunca puede verificar la selección, a no ser en aquellas variaciones que en escaso
grado la misma naturaleza le muestra de antemano. El primer hombre que escogió una
paloma con cola ligeramente más larga, seguramente ni se imaginó lo que los descendien-
tes de esa paloma llegarían a hacer por selección, en parte inconsciente, y en parte metó-
dicamente continuada.
El hombre conserva y hace cría de un individuo cor, alguna pequeña particularidad de
estructura, o pone más cuidado que de costumbre al aparear sus mejores animales, y de
este modo los perfecciona hasta que los ya mejorados poco a poco se esparcen por las
cercanías. Cuando ya están mejorados por el mismo procedimiento lento y gradual, se
esparcen aún más, hasta llegar a ser reconocidos como algo distinto y apreciable; es en-
tonces cuando probablemente reciben por primera vez un nombre que podríamos llamar
provincial. En los países semicivilizados, en donde las comunicaciones son escasas, sería
un procedimiento lento la propagación de cualquier nueva subraza. Una vez reconocidos
los puntos más interesantes en esta materia, el principio de selección que hemos llamado
inconsciente tenderá siempre, y tal vez más en un período que en otro, según esté más o
menos de moda la raza, tal vez más en una localidad que en otra, y según el estado de ci-
vilización de los habitantes, a aumentar poco a poco los rasgos característicos de la raza,
cualesquiera que estos puedan ser. Pero será infinitamente pequeña la probabilidad de que
se conserve memoria alguna de los cambios lentos e insensibles por los que pasan los in-
dividuos.