SOBRE EL CRUZAMIENTO DE LOS INDIVIDUOS. Todos los animales vertebra-
dos, todos los insectos y algunos otros grandes grupos de animales, se aparean para cada
nacimiento. La investigación moderna ha disminuido mucho el número de los supuestos
hermafroditas; de los verdaderos, un gran número se aparea, es decir, dos individuos se
unen regularmente para la reproducción, que es todo lo que nos importa.
En primer lugar, hemos reunido un gran número de casos y hemos hecho muchos expe-
rimentos para demostrar, de acuerdo con la opinión casi universal de los criadotes, que en
los animales y en las plantas el cruzamiento entre diferentes variedades o entre individuos
de la misma variedad, pero de otra estirpe, da vigor y fecundidad a la descendencia; así
como, por otra parte, las crías íntimas entre individuos de la misma familia disminuyen
en vigor y fecundidad. Guiados por estos hechos, sólo nos inclinamos a creer que es ley
general de la naturaleza que ningún ser orgánico se fertilice a sí mismo durante una per-
petuidad de generaciones, sino que es indispensable que de vez en cuando, y quizás con
largos intervalos, tenga lugar el cruzamiento de un individuo con otro.
Con la creencia de que esta es una ley de la naturaleza, no podemos, a nuestro juicio,
entender diferentes y extensas clases de hechos, de otro modo inexplicables. Volvamos
por un momento a los animales, de los cuales varias especies terrestres son hermafroditas,
tales como los moluscos de tierra y las lombrices, aunque de todos, estos últimos se apa-
rean. Hasta ahora no hemos encontrado un solo animal de este género que se fecunde a sí
mismo. Este hecho notable, que tanto contrasta con las plantas terrestres, puede compren-
derse por la opinión de que es indispensable el cruzamiento ocasional, porque debido a la
naturaleza del elemento fertilizador, no hay medios análogos a la acción de los insectos y
del viento con respecto a las plantas para que se efectúe el cruzamiento entre los animales
terrestres sin el concurso de dos individuos.
De los animales acuáticos hay muchos hermafroditas que se fecundan a sí mismos; pe-
ro en este caso, las corrientes de agua ofrecen el medio directo para el cruzamiento
accidental. Después de consultar a una de las más grandes autoridades, el profesor
Huxley, no hemos podido descubrir un solo animal hermafrodita cuyos órganos de
reproducción estuviesen tan perfectamente encerrados que pudiese demostrarse ser
físicamente imposible el acceso desde afuera ni la influencia ocasional del individuo
distinto. Por mucho tiempo, nos pareció que bajo este punto de vista los cirrípedos
presentaban un caso de gran dificultad; pero, por una feliz casualidad, hemos podido
probar que algunas veces se cruzan dos individuos, aunque ambos sean hermafroditas que
se fertilicen a sí mismos.
Debe haber sorprendido a la mayor parte de los naturalistas, como extraña anomalía
que, tanto en los animales como en las plantas, algunas especies de la misma familia y
hasta del mismo género, aunque conformándose íntimamente unas con otras en el conjun-
to de su organización, sean hermafroditas y algunas unisexuales. Pero si de hecho todos
¡os hermafroditas se cruzan de vez en cuando, la diferencia entre ellos y las especies uni-
sexuales son muy pequeñas en lo que a esta función hace referencia.
De estas varias consideraciones y de los muchos hechos especiales que hemos reunido,
se deduce que en los animales y en las plantas es ley de la naturaleza, muy general, si no
es universal, el cruzamiento accidental entre individuos distintos.










